Feb 05 2012

20 AÑOS para contar un sueño

Published by

Miguel Vidal

Universitat Politècnica de València

 

DOI: http://dx.doi.org/10.4995/caa.2012.1045

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Si las cosas que uno quiere se pudieran alcanzar,
tú me quisieras lo mismo que veinte años atrás.
Con qué tristeza miramos a un amor que se nos va,
es un pedazo del alma que se arranca sin piedad.

VERA, María Teresa (1895-1965), 20 Años

 

Hace ya veinte años que las ideas de llevar sus muñecos y marionetas a la pantalla rondaban en la mente de Bárbaro Joel Ortiz, un joven artista cubano nacido en Matanzas, ciudad de la región central de la isla de Cuba. Desde su juventud, Joel recorría las calles de la Habana con sus muñecos bajo el brazo buscando la más pequeña posibilidad de hacer realidad su sueño: realizar una película en stop-motion.

Por 1965, los Estudios de Animación de la Televisión Cubana ya habían creado en sus instalaciones una sección de muñecos y marionetas, trabajando desde entonces en el camino de la experimentación, tanteando varias técnicas y logrando capacitarse de las tendencias procedentes del campo socialista. La República Socialista Checoslovaca, Polonia y la antigua URSS fueron lugares de adiestramiento para los realizadores cubanos en el campo de las marionetas y el cine de animación. Fue en estos estudios donde Bárbaro Joel depositó sus anhelos y expectativas durante los primeros años de su juventud, aunque finalmente no llegaron a buen término.

Sin embargo, el futuro de los mismos se encontró con una época adversa y llena de restricciones económicas para el país: un periodo muy difícil para el arte y el cine cubano. Las grandes carencias que surgieron con la caída del campo socialista obligaron a cerrar empresas y entidades propias del gobierno, dejando muchos proyectos inconclusos en el tiempo. Los estudios de marionetas de la televisión cubana cerraron sus puertas a nuevos intentos de la animación con muñecos; las marionetas envejecieron en cada rincón del estudio y las cámaras cerraban sus lentes a una época que florecía con todo el esplendor. El joven artista regresó de vuelta a su ciudad natal, con su caja de muñecos e ideas cerrada, aplazando su oportunidad por un largo tiempo.

 

 Personajes protagónicos de 20 Años.

 

Joel Ortiz estudió en el Instituto Superior de Arte de la Habana, en la especialidad de pintura, y después buscó trabajo en algún lugar donde sus ideas pudieran encontrar una identidad marcada por su devoción hacia el stop-motion. Hubo un lugar realmente mágico, donde la fantasía y la ilusión iban juntas de la mano, un retiro que abrió sus puertas al realizador para enseñarle el delicado oficio del titiritero, y descubrir con él los intrincados misterios de una apasionada conspiración artística que se vivía en el Teatro de Títeres y Marionetas de Matanzas. Este sitio acogió al artista, quien asegura que fue una etapa muy necesaria en su vida. Allí aprendió, desde dentro, como transcurría el proceso de creación en una puesta en escena para títeres, trabajando en la confección de muñecos y escenarios, aprendiendo las viejas herramientas y trucos que, desde hacía muchos años, escondía el viejo teatro de figuras animadas como antecesor del cine de animación. Descubrió cómo alcanzar estrategias dramáticas incluso en la actuación de los muñecos de madera, etapa que completó su formación y reafirmó su inclinación al cine de animación con muñecos.

En 1998 Joel llega por primera vez a los estudios de Animación del ICAIC. De vuelta a las cámaras, con sus muñecos en la mochila, regresa a la Habana repleto de ilusiones y ansias de poder hacer lo que tanto ama. Nos muestra sus figuras: unos personajes de tamaño impresionante, puedo decir que casi de un metro de altura, engranados en un sistema de articulaciones bien perfeccionado, verdaderas maquinarias inventadas y realizadas con sus propias manos (Figs. 1 y 2). Un sistema de juntas metálicas abrazan esferas de hierro macizo en cada extremo de las varillas que corresponden a fragmentos de brazos y piernas, permitiendo el juego articular perfecto de cada extremidad de la marioneta. Manos articuladas hechas con madera tallada y ensambladas mediante otras varas más finas resultantes de rayos de las ruedas de bicicletas, fragmentos de prótesis dentales reales, trabajadas, remodeladas y reducidas a las pequeñas bocas, adaptadas completamente al diseño y a la escala de cada personaje, son algunos de los elementos que el orfebre sigue utilizando aún para armar sus muñecos vivientes. Esferas de los recipientes de desodorante “roll on” en desecho se convierten en los ojos de sus marionetas, aportando todo lo necesario para impresionarnos desde su primera mirada. En palabras del propio autor, “las mismas limitaciones me han entrenado para buscar soluciones a los mecanismos y a veces cierro mis ojos, me abstraigo y logro ver con claridad el mecanismo que necesito, es increíble.”[1]

En aquel año le acogimos con la mejor bienvenida en los estudios de animación, y le invitamos a trabajar en un espot para UNICEF para la serie Los derechos del Niño. El sector de la cultura y en especial el cine continuaba teniendo serios inconvenientes económicos en la producción de películas y filmes animados, aunque se garantizaron marcadamente los servicios a otros países como un recurso de entrada de capital extranjero, junto a otras producciones priorizadas por la dirección del Instituto de Cine y de los estudios. Los proyectos del joven realizador aún debían permanecer un tiempo más a la espera.

 

Secuencia de la película 20 Años.

 

Diez años más tarde, por fin, Joel puede comenzar a realizar su cortometraje en los Estudios de Animación del ICAIC. En el año 2004 tiene lugar la nueva remodelación de los estudios que reserva un espacio suficientemente grande y útil donde colocar un sector para stop-motion. Es allí, en los sótanos del nuevo edificio, donde este animador comienza su labor junto a un pequeño equipo de trabajo ilusionado con el proyecto. El guión del filme venía gestándose desde hacía casi veinte años: surgió desde los inicios, cuando el artista comenzó a construir sus personajes, puras estrellas vivientes de la sociedad cubana; una historia que cuenta, en aproximadamente quince minutos, la rutina en la vida de una mujer maltratada y acorralada por las humillaciones y ultrajes de su esposo (Fig. 3), en un medio hostil y violento habitual de algunas relaciones de pareja:

 

Esta obra es, a la vez, descriptiva y reflexiva sobre un cierto estado de cosas, a partir de un corte sincrónico en la historia cotidiana del país, y en la cual se imbrican lo local y lo universal, lo histórico y lo lógico.[2]

 

El propio autor comenta que ha tenido que readaptar el guión en varias ocasiones, buscando las mejores soluciones dramáticas: a veces, hasta llegó a remodelar el storyboard final por necesidades de actuación de los personajes. Suscribe el autor: “Yo tengo una primera idea acerca de una película, la veo como un ente vivo que existe en mi cabeza virtualmente, pero siempre como realizador tengo que poner los pies sobre la tierra, saber con lo que cuento y no dejar que se me escape del alma la historia de mi film”.[3]
Tal vez fue una muy buena idea la de utilizar la conocidísima canción 20 Años, de la cantautora cubana María Teresa Vera, para armonizar el guión del corto. Nos comenta el autor que así conseguía contar de manera cíclica el tema de la historia. Por ello, el músico y compositor Harold López Nussa realizó el arreglo musical para la cantante Omara Portuondo. Tras ver ambos las primeras imágenes del filme aceptaron la propuesta de trabajar en la canción como banda sonora para la película.
La película comienza a rodarse únicamente en dos platós de filmación, uno para tomas de interior y otro para tomas de exterior. El buen tamaño de los personajes facilitó la construcción de los fondos y de todos los elementos de utilería, certificando una buena fotografía y consiguiendo excelentes planos de detalles durante el rodaje. Se grabó todo el filme con una cámara Sony semiprofesional y una lente de 18-70 mm, utilizando además anillos macro de acercamiento, para lograr, en ocasiones, detalles muy precisos en algunos planos. La iluminación se realizó con lámparas profesionales de cine, de acuerdo a las dimensiones de los decorados diseñados y recreados por el propio realizador y su equipo. Casi dos años de trabajo para concluir el filme, una imagen que no sólo deslumbra por la exquisitez de la escena que se desarrolla en un entorno mágico, sino también por el nivel de actuación de los personajes, logrando expresiones en los rostros de los muñecos con gesticulaciones muy bien conseguidas.
Joel Ortiz ha sido siempre un previsor y un inventor de su propia maquinaria. Aún guardo con emoción algo muy preciado para mí y para mis trabajos, un recuerdo que el artista me entregó en uno de nuestros últimos encuentros: un par de pupilas torneadas y pintadas a mano por él, que simulan unas lentes de contacto para los ojos de los muñecos y que hemos utilizado para cambiar la mirada en más de una ocasión a nuestras criaturas animadas –las mismas utilizadas en el rodaje del cortometraje para UNICEF en el año 1998, en la Habana–. De esta manera, el realizador estudia y analiza el trucaje más extraordinario en pos de ponerlo en práctica en su próximo rodaje, logrando sorprendentes efectos en la imagen.

 

Escena en que se fríe un huevo en primerísimo plano de cámara.

 

El impacto de la fotografía del filme ha sido el resultado de un trabajo escrupuloso con animación frame a frame. Algunos planos dejan hechizados al espectador pensando si es realidad o ficción, mediante magníficas soluciones que el joven director adquirió de maestros como Walter Tournier,[4] con quien compartió trabajo bajo cámara durante algún tiempo. Así, el creador logró representar un realismo poco habitual en stop-motion. Podemos citar la escena en que la protagonista fríe un huevo en un primerísimo plano de cámara (Figs. 4 y 5): utilizando un espesante para alimentos mezclado con agua y polvos de refresco instantáneo, consiguió una emulsión acuosa que semejó tremendamente la clara del huevo; la textura y consistencia lograda facilitó el modelado frame a frame, simulando el movimiento de la clara en la sartén caliente. Para ello, se valió de pequeños soportes plásticos que introdujo debajo de la capa de gel por un lado y por otro, simulando paso a paso el borboteo y el hervor del huevo. Asimismo alcanzó igualar la yema mezclando el gel con pintura acrílica amarilla, y con la ayuda de un pincel modeló paso a paso cada movimiento, puliendo la superficie y evitando que la gravedad eliminara las deformaciones que figuraban la ebullición. El propio autor revela: “A veces cuando lo veo después de filmado, me quedo sorprendido de lo que finalmente logré.”[5]

Creo que es también preciso establecer ciertos paralelos de este trabajo y su aproximación a la labor de otros grandes artistas de stop-motion europeo, como la inglesa Suzie Templeton[6] y el animador Riho Unt[7] de Estonia. Tal vez muchas de estas influencias alimentaron la imaginación y la creatividad del joven realizador cubano, impregnando su obra de un hiperrealismo minucioso y extremo, manipulado con sumo cuidado en cada detalle de sus muñecos y escenarios (Fig. 6). Cada día, el joven artista, convertido en el director de su propia orquesta, animó un plano tras otro durante casi dos años, dejando su alma y su corazón en cada movimiento de los personajes. El filme se ha presentado a una gran cantidad de festivales y muestras de cine animado en todo el mundo, siendo seleccionado en 2010 por el Festival Annecy en Francia, además del Festival Animamundi (Brasil), Cinanima (Portugal), y Animadrid (España). Hasta la fecha el cortometraje también ha recibido numerosos premios y menciones.[8]

 

La mujer implora a sus santos por el amor de su hombre.

 

En los espacios concedidos al taller de stop-motion de los Estudios de Animación de la Habana se siguen entrenando otros jóvenes talentos que realizan sus primeros experimentos con animación bajo cámara, mientras Bárbaro Joel confiesa que aún sigue considerando cómo rodar su próxima película, necesita trazarse en su trabajo una meta mucho más abarcadora, sus instintos le llevan a plantearse una nueva propuesta con un guión mucho más trabajado: una película más larga, casi un mediometraje, donde sus personajes cuenten otra historia cargada de sentimientos y emociones contrastados con una realidad convulsa y enrevesada, que a veces se presenta como obra y gracia del destino. Su taller no ha parado, sigue funcionando, y el inventor buscando en la chatarra vieja o dentro del cajón del abuelo todo aquello que pueda valerle para completar sus divinas criaturas y descorrer nuevamente el telón de la escena.

 

Miguel Vidal Ortega es Licenciado por la Universidad de la Habana y Doctor en Bellas Artes por la Universitat Politècnica de València, España. Es profesor de animación del Departamento de Dibujo de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos en Valencia e integrante del Grupo Animación: Arte e Industria, compaginando su propia labor creativa de animador con la realización de proyectos de investigación. Ha sido animador cinematográfico y director de películas en los Estudios de Animación del ICAIC en la Habana, Cuba, trabajando en innumerables filmes como animador, diseñador y director de cortos, cabeceras y videoclips musicales. Asimismo, ha participado en Festivales, Congresos y exposiciones de arte.

E-mail: mivior@dib.upv.es

 

© Del texto: Miguel Vidal Ortega
© De las imágenes: Bárbaro Joel Ortiz, ICAIC

 

NOTAS


[1]Entrevista realizada por el autor a Bárbaro Joel Ortiz, La Habana, diciembre 2010. MASVIDAL, Mario, Cine en violeta AmecoPress/SEMlac, 2011
[2] http://lrmgenerandoconocimientodegenero2.blogspot.com/2011/07/violencia-20-anos-no-es-nada.html
[3] Entrevista realizada por el autor a Bárbaro Joel Ortiz, La Habana, diciembre 2010

[4] TOURNIER, Walter, prestigioso realizador de stop-motion uruguayo. Entre sus películas se encuentran En la selva hay mucho por hacer (1974), El jefe y el Carpintero (2000), Navidad Caribeña (2001) y A pesar de todo (2003). Sus filmes han sido premiado en Festivales Internacionales de España, Francia, Argentina, Cuba, Estados Unidos entre otros.

[5] Entrevista realizada por el autor a Bárbaro Joel Ortiz, La Habana, diciembre 2010

[6] TEMPLETON, Suzie, famosa Directora y animadora inglesa de stop-motion. Entre sus filmes se encuentran Stanley, Dog, y Peter and the Wolf, este último galardonado con un Oscar® de la Academia en el año 2008.

[7] UNT, Riho, conocido realizador de stop-motion estonio. Entre sus más conocidos filmes se encuentran Kultuurimaja (1988), Hing Sees (2002), Miriami kana pesakast (2006) y Ponja Konn (2007), entre otras.

[8] Entre los premios recibidos podemos destacar:

– Mejor Corto de Animación Extranjero en el Family Film Festival de los Rowling Studios, Hollywood (EEUU).

– Premio Especial Coral en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, Cuba.

– Premio a la Mejor Animación en el Festival de Cine Pobre de Gibara (Cuba).

– Premio del Público en el Festival de Cortometrajes Kinoforum, Sao Paulo (Brasil).

– Mejor animación en la categoría de video Festival Avanca (Portugal).

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