Feb 05 2012

La herramienta y el código. La animación en el Festival Internacional de Cine de Huesca

Published by

Orencio Boix Larrey

 

DOI: http://dx.doi.org/10.4995/caa.2012.1050

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Desde sus inicios, el Festival Internacional de Cine de Huesca ha integrado en sus parrillas de programación importantes ciclos y retrospectivas dedicadas a algunos de los autores capitales de la animación internacional. La presencia de la animación en todas las secciones competitivas del festival, consagradas al cortometraje, ha sido una constante nada desdeñable, mutando a lo largo del tiempo en distintas y variadas categorías. Sirva como ejemplo que, en las dos últimas ediciones del festival, dentro del total de obras seleccionadas, la cuota de cortometrajes de animación supuso un 17% en 2010, y un 26% en 2011.
Durante quince años, desde 1982 hasta 1996, el Festival de Huesca otorgó un galardón al mejor corto animado: el premio Danzante de Plata. Pero es en 1997 cuando la animación se incorpora al grueso de la competición, comenzando a rivalizar con la totalidad de la producción del cortometraje en el festival.
Las historias breves, en sus múltiples vertientes e hibridaciones, continúan siendo a día de hoy la seña de identidad y la razón de ser del Festival Internacional de Cine de Huesca. Sus cuatro categorías a concurso –ficción internacional, ficción iberoamericana, documental internacional y documental iberoamericano– ofrecen cada año una importante panorámica contemporánea de los derroteros por los que deriva el formato breve. Sin embargo, la animación en sí y por sí misma ya no constituye una categoría a concurso en la actualidad; durante los dos últimos años, me he preguntado sobre la conveniencia y posibilidad de crear un nuevo premio de estas características. Pero, antes de entrar en las posibles respuestas a esta cuestión, permítanme trazar un breve esbozo histórico de la presencia relevante que ha tenido la animación en el Festival Internacional de Cine de Huesca: un pequeño repaso que delimite el marco donde nos encontramos.
Para comenzar, no deja de ser significativo que el primer cortometraje proyectado en la historia del certamen fuera Nehvizdat, prosim (Ivan Urban, 1968) una pequeña joya de la animación checa. Pero lo que realmente llama la atención es que, en 1976, sólo tres años después del nacimiento del festival –entonces denominado Certamen Internacional de Films Cortos Ciudad de Huesca–, los organizadores otorgaran un papel protagonista a la animación, dedicándole nada menos que un homenaje y dos retrospectivas, que en cierto sentido también marcarían otras líneas en el devenir del evento.
En aquel transicional 1976, en Huesca, una ciudad de provincias de 39.000 habitantes, el animador italiano Bruno Bozzetto –autor de la por aquel entonces célebre saga de cortometraje que tenían al Signor Rossi como protagonista– recibe un merecido homenaje –quince años después, Bozzetto  sería nominado a los Oscar de la Academia de Hollywood, por su filme Cavallette–. En esa misma edición del festival tuvo lugar también el ciclo dedicado al pintor y cineasta Hans Ritcher, enmarcado en una retrospectiva sobre el cine de vanguardia alemán, así como sesiones dedicadas a los cortometrajes de la factoría Disney.

Recapitulando: aquella edición de 1976, con la selección de tres autores cuyo máximo común denominador es la animación –Bozzetto, Ritcher y Disney–, podría revelar un cierto sentido determinista, como un año clave para el devenir por el que transcurrirá el festival en adelante: no tanto por lo que unía a aquellos creadores, sino más bien por lo que los distinguía, esto es, la manera de cada uno de relacionarse con lo que relataban, y el marco que cada uno establecía con el espectador: Bozetto es un narrador de historias de corte popular, satírico y con un fuerte componente crítico y político; Ritcher, en cambio, fue un experimentador formal muy arraigado en el “zeitgeist” de las vanguardias que le tocó vivir; y en Walt Disney, un modelo casi antagónico, la estructura productiva marcó y aún determina el carácter comercial de sus películas, y donde, en muchas ocasiones, todo se supedita a que la obra genere grandes beneficios –eso sí, con unos arquetipos de profesionalización y calidad técnica que aún hoy siguen produciendo asombro–. Esas tres líneas –el cine de corte social, la experimentación y el cine comercial– siguen hoy plenamente vigentes y con carácter transversal en la programación del Festival Internacional de Cine de Huesca. Una mezcla que, creo, define su carácter.

 

Fig. 1. Tango, de Zbigniew Rybczynski.

 

Pero déjenme seguir paseando sólo un poco más y a grandes saltos por la historia de la animación en este festival. En los años ochenta fue de especial interés el homenaje al cineasta polaco Zbigniew Rybczynski, –oscarizado por su película Tango en 1983 (Fig. 1)–, un personaje esencial para comprender las dialécticas de ida y vuelta entre la videocreación, la publicidad, el vídeo musical y el cine experimental: quizá su obra más popular sea el magistral vídeo que realizó para Imagine, de John Lennon. Paralelamente, ya en 1989, y coincidiendo con su 50 aniversario, la National Film Board of Canada –una agencia de trascendental importancia para el desarrollo de la animación independiente–, recibió una retrospectiva completa en el festival.
Sin embargo, es con la entrada del nuevo siglo donde la animación adquiere un papel protagonista, con carácter de continuidad en la oferta programática del Festival Internacional de Cine de Huesca. Además, es en esta primera década del siglo XXI cuando el festival inicia sus publicaciones dedicadas al mundo de la animación, dentro de su colección Cine y Más. La primera, en 2001, titulada Miles de metros. A propósito de Pablo Núñez, escrito al alimón por Antonio Llorens y Pedro Uris, supuso un estudio completo que analizaba minuciosamente la obra de uno de los pioneros del dibujo animado y de los efectos visuales en España. No en vano, casi diez años antes de este homenaje, Pablo Núñez había creado la cabecera del festival.
Después se sucederían las publicaciones dedicadas a Pavel Koutsky (Fig. 2) y el chileno Tomás Wells, en 2002 y 2004 respectivamente: el primero, con un cine de carácter conceptualista que entronca con maestros de la animación checa como Trnka  o Jirí Barta; y el segundo, con un profundo humor negro y un empleo superdotado del color como elemento narrativo. Ambos recibieron además el Premio Ciudad de Huesca de Cortometraje. También en 2004, el animador británico Phil Mulloy (Fig. 3) recibió una retrospectiva donde pudimos contemplar su mirada antropológica y su sátira grotesca de la sociedad contemporánea, trufada por un estilo primitivista.

 

Figs. 2 y 3. Izquierda: imagen de la película de Pavel Koutsky Curriculum vitae. Derecha: Phil Mulloy, The Invasion.

 

Por añadidura, en 2006, el maestro holandés Gerrit Van Dijk (Fig. 4) recibió igualmente el Premio Ciudad de Huesca del Cortometraje, y se le dedicó una retrospectiva de sus cortometrajes donde brilló su combinación técnica y estilística. El homenaje a Van Dijk se completó con la publicación de su libro I Move, So I Am, dentro de la mencionada colección Cine y Más. Un año después, el diletante cineasta ruso Mikhaïl Kobakhidzé también recibe una retrospectiva, así como en 2008 el americano Larry Jordan y su cine experimental, donde el collage tiene un papel preponderante, cierran en cierta medida esta década plagada de ciclos dedicados a la animación en el Festival Internacional de Cine de Huesca.

 

Fig. 4. Autorretrato animado de Gerrit Van Dijk en I move, so I am.

 

Finalmente, en 2011, se produce un hecho singular en la historia del evento: el Festival decide publicar por primera vez la filmografía de un cineasta, contribuyendo así a uno de sus objetivos, no otro que ayudar a difundir el cortometraje más allá de las salas de exhibición. En colaboración con la editorial Intermedio, el Festival editó en DVD la integral de cortometrajes del animador belga Raoul Servais (Figs. 5 y 6), que permanecía inédita en castellano en este formato. El DVD incluyía además un amplio texto de Sara Álvarez Sarrat y una entrevista con el propio Servais. El homenaje culminó con la proyección en sala de todos sus cortometrajes en su formato original, dentro de la sección del festival denominada Directores de Culto.

 

Figs. 5 y 6. Fotogramas de Harpya, y Taxandria, ambas de Raoul Servais.

 

Con Servais termina este sucinto y sesgado recorrido que nos ayuda a atisbar el enfoque, con el que el evento cinematográfico oscense ha integrado la animación en su camino.  Desde mi punto de vista, sirve también para entender que la animación ha ocupado en Huesca un lugar no tanto como género en sí mismo, sino más bien como una multiplicidad de lenguajes.
En la última edición del festival, José Luis Guerín reflexionaba así acerca del cine: que con él podías narrar historias, hacer panfletos, experimentar formalmente, retratar, abstraer, ensayar, divulgar didácticamente, sermonear, historiar, y cabría añadir un largo etcétera. Con la animación ocurre exactamente lo mismo: mediante el dibujo animado y la multiplicidad de técnicas que lo conforman podemos establecer todas estas y otras tantas relaciones con el espectador.
De esta manera, la cuestión lanzada inicialmente sobre la conveniencia de crear un nuevo premio dedicado exclusivamente al cortometraje de animación, queda circunscrita a este pequeño periplo histórico por el festival: un evento donde la animación no ha sido vista como caso aparte, sino que la ha integrado como un medio de expresión genuino dentro del conjunto cinematográfico.
Me gusta la definición que dice que el cine es un rectángulo en el que suceden cosas. En cierta forma, el desprejuicio, en las antípodas de los sectarismos formales que ha caracterizado la historia del Festival Internacional de Cine de Huesca, refleja esa idea de que, mediante la imagen, cualquier forma de expresión es susceptible de convertirse en hecho cinematográfico. El Festival de Hueca aplica pues un enfoque integrador y, por consiguiente, la norma de valor aquí no reside tanto en el procedimiento utilizado, sino más bien en la posición del autor con respecto a su obra y en cómo se relaciona ésta con el espectador: es decir, no sólo se busca una buena herramienta,

 

Orencio Boix (Huesca, 1981) guionista, realizador y montador, estudia cine en la Escuela Superior de Artes y Espectáculos TAI. Ha trabajado como guionista para varias productoras, como Boca a Boca o Estudios Picasso. Se introduce en el mundo del documental en Pyrene PV. Forma junto a Javier Aquilué el colectivo de gestión cultural En vez de nada. Compagina su labor como coordinador general y comisario de cine del Festival Periferias con su actividad como guionista y realizador bajo su propia productora, Sancta Sanctorum. Además, trabaja en el área de cine y vídeo del ArtLab Huesca, un laboratorio para la investigación y desarrollo de proyectos artísticos multimedia. También ha dirigido videoclips y documentales musicales. En 2011 dirigió la 39ª edición del Festival Internacional de Cine de Huesca.

E-mail: orencioboix@gmail.com

 

© Del texto: Orencio Boix Larrey
© De las imágenes: Sus autores

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