Feb 05 2012

Desanimado, un corto de Emilio Martí López

Published by

Anthony S. Nuckols

Universidad de Valencia


 DOI: http://dx.doi.org/10.4995/caa.2012.1044

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La animación es el marica del arte, la bollera del lenguaje audiovisual, porque es un género poco normativizado, excéntrico, y malinterpretado dentro del cine; quien, teniendo más de diez años, disfrute como público de los dibujos animados, pasará también por ser un rarito, un friki inmaduro que podrá esconder su filia o, te apoyamos, podrá presentarse orgullosamente como connoiseur del medio… y defenderlo como Arte.

Así piensa Emilio Martí López, director del cortometraje Desanimado, alumno de doctorado en la Universitat Politècnica de València, y mi marido. Creo que es precisamente por nuestra relación marital, tan recién estrenada que la palabra “marido” me impresiona, que Con A de animación me pide una pequeña reseña de su corto: los dibujos animados caen lejos de mi área de estudio –que no es sino el duelo por lo perdido en la Guerra Civil Española vista a través de la literatura–, pero es cierto que estoy aprendiendo a contemplarlos con otros ojos, más atentos que los de un mero “consumidor”, y a valorar también su capacidad de sanar, realizar procesos psicológicos y narrar verdades profundas, con una ligereza que, siendo sólo aparente, es la clave para que podamos adentrarnos en temas complejos con relativa facilidad.

Me piden que celebre la buena marcha de Desanimado porque el corto nació como parte de un Proyecto Fin de Máster de Producción Artística tutorizado por Miquel Guillem Romeu, del grupo de investigación Arte e Industria. Para mí es un honor y un gusto celebrar el éxito de una película en la que he participado –como actor y doblador–, y que ha ocupado ya casi dos años de la vida de la persona con la que comparto la mía.

 

Izqda.: Póster del cortometraje. Dcha.: el director en el set de la escena “oficina”. Imagen manipulada por Emilio Martí para incluirla en la web del corto (desanimado.com).

 

La premisa del corto es sencilla: un dibujo animado se psicoanaliza porque se siente rechazado por el mundo real, e intenta decidir cómo integrarse en éste aún a costa de perder su propia individualidad. Emilio gestó la idea central de la narración tras meses estudiando la relación entre animación y homosexualidad, que considera fundamental por la capacidad del medio para educar –en tolerancia– desde la infancia. De hecho, Emilio escribió un artículo sobre el tema en el primer número de Con A de animación, donde explicaba que el cliché de que la animación es “para niños” no sólo afecta negativamente la valoración social del género, sino que evita que la animación muestre –apropiadamente cualitativa y cuantitativamente– la diversidad sexual.

Desanimado elabora un meta-lenguaje que entrelaza ambos temas: el modo en que el género animado se enfrenta al cine de acción real –el “de mayores”– mimetiza la situación de las sexualidades minoritarias ante el canon de respetabilidad que representa la heterosexualidad tradicional. Emilio llenó el corto de guiños a su propia investigación de tesis –libros con títulos que mezclan psicología de la sexualidad con teoría de la animación en el despacho del psicoterapeuta–, a referentes de homosexualidad en animación –como Los Simpsons, o la gallina de McLaren–, o lugares comunes de la cultura gay, tales como la salida del armario, reconocibles hoy en día por casi cualquier espectador del cine (y de la vida).

Pero Desanimado muestra el tema de la discriminación y el deseo de integración de forma muy amplia, lo que explicaría su buena recepción en festivales de temática social –como Fescigu en Guadalajara– o que tratan específicamente con la diferencia –como el Discapacine de Valencia, enfocado a tratar de temas de personas con discapacidades físicas y psíquicas–, aunque también en festivales generalistas como el Festival Internacional de Gijón, el de Alcalá de Henares, o el Festival Itinerante ION. Mientras escribo estas líneas hemos sabido que el Festival Internacional de Cine sobre Diversidad Sexual y Afectiva de Argentina – Libercine, ha premiado a Desanimado como Mejor Corto del año.

 

A la izquierda, algunos de los libros “re-editados” que aparecen en el corto y que parodian la literatura psicoanalítica para hablar de animación como si lo hicieran de sexualidad. A la derecha, escena de Desanimado donde aparecen el director y protagonista del mismo, su hermana (de espaldas) y el autor de este artículo, “animado” para la ocasión.

 

A pesar de algunos sustos sobre derechos de autor –da igual que Freud lleve muerto casi un siglo, su imagen ha sido comprada por un bufete de abogados americanos–, y del mucho trabajo invertido –aunque Emilio dicen que un animador no debería presumir de fotogramas pintados, que serían tan banal como que una pescadera contara las sardinas limpiadas en un año–, el proyecto ha valido la pena, y después de unos primeros meses muy alterados, el camino se ha hecho más fácil gracias a la ayuda inestimable de muchas personas e instituciones: un músico profesional, Javi Díaz, le regaló una banda sonora a Desanimado a pesar de no conocer a Emilio; y la Filmoteca de Valencia-IVAC eligió el corto para su catálogo con las mejores producciones valencianas del año, asumiendo su distribución con mucho cariño.

Y ahora, en seguida, de nuevo agitación: Emilio prepara el guión de un nuevo corto, que será parte de la investigación doctoral con la que él y Miquel Guillem han profundizado en su relación –amistosa  y profesional– y el estudio teórico en el tema de la homosexualidad en animación. Parte de este trabajo devendrá arte de verdad, pues probablemente formará parte de una exposición comisariada por la beca Cátedra DKV que le  ha permitido pasar los últimos meses del 2011 en Polonia, donde ha reflexionado sobre uno de los temas fundamentales de su investigación y sus intereses artísticos: qué es la identidad y cómo se forma. Qué es ser gay, animador, europeo, religioso, y cómo confluyen y chocan nuestras identidades, con nosotros mismos y con los demás, son algunas de las respuestas que intenta resolver por medio de la animación, planteándose preguntas que debe resolver con historias.

¡Ánimo, no te desanimes! (Este chiste lo odia, se lo hace todo el mundo).

 

Izqda., la imagen más recurrente de Desanimado: el personaje en el diván analiza su vida, y reflexiona sobre “el hecho animado”. Dcha., el protagonista, a punto de confesar a sus padres que es un dibujo animado. Ver para creer.

 

Yo aguantaré sus nervios de artista y sus ojos enrojecidos de pintar fotogramas, porque me gusta cuando luego me agradece “la paciencia y el apoyo” al recoger un premio, y por molestar a quienes les molesta que dos gays puedan ser buenos cónyuges –flexibilizando cada vez más lo que significa ser cónyuge–, y porque disfruto aprendiendo cosas de frikis, como que “la rotoscopia es más que calcar y está marginada, es la niña fea de la animación y, por tanto, merece nuestra defensa más encendida”, el autor de Desanimado.

 

Anthony Nuckols es Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad de Virginia (Charlottesvile, EEUU). Tiene un Máster en Estudios Hispánicos de la Universidad de Valencia, donde realizó un trabajo de investigación sobre el papel de la novela contemporánea y el proceso de duelo sobre la Guerra Civil Española.

E-mail: antnuc@alumni.uv.es

 

© Del texto: Anthony Nuckols

© De las imágenes: Emilio Martí López

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